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Los pequeños detalles

lunes, 4 de febrero de 2013


El alumno, según él, había terminado el cuadro. Llamó a su maestro para que lo evaluara. Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato. Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles. Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá. 

Cuando el maestro le regresó las pinturas al alumno el cuadro había cambiado notablemente. El alumno quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime. Casi con reverencia le dijo al maestro: ¿Cómo es posible que con unos cuantos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro? Es que en esos pequeños detalles está el arte. Contestó el maestro. Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles.

Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día. Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia. Todas las relaciones, familia, matrimonio, noviazgo o amistad, se basan en detalles. 

Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños. Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo. Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien. 

Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas. Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras la llamada. 
Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha. Esto es falso, en verdad la felicidad se finca en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia. Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza. NO desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: una flor, una carta, una palmada en el hombro, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta. Todas estas pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes. 

En los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación. La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió. ¿Qué esperas entonces? Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono. Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. NO lo dejes para después por parecerte poca cosa. 
En las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones... 
Nestor Armstrong.

El Silencio De Dios

sábado, 7 de julio de 2012




Cuenta una antigua leyenda Noruega acerca de un hombre llamado Haakon que cuidaba de una ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción, en esta ermita había una cruz muy antigua, muchos acudían allí para pedirle a Cristo algún milagro. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor, lo impulsaba un sentimiento generoso, se arrodillo ante la cruz y dijo: “Señor quiero padecer por ti, déjame ocupar tu puesto, quiero remplazarte en la cruz” y se quedo quieto con la mirada en esta esperando la respuesta, el señor abrió sus labios y hablo: “Siervo mío, accedo a tu deseo pero a deber con una condición” “¿Cuál Señor?” pregunto con acento suplicante Haakon “Es una condición difícil, estoy dispuesto a cumplirlo con tú ayuda” respondió el viejo ermitaño.
“Escucha, suceda lo que suceda, y veas lo que veas haz de guardar silencio siempre” Haakon contesto “Lo prometo Señor” Se afectuo el cambio, nadie advirtió  el trueque, nadie reconoció al ermitaño colgado con los clavos en la cruz, el Señor ocupaba el puesto de Haakon, y este por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada.
Pero un día llego un rico, después de haber orado dejo allí olvidada su cartera, Haakon lo vio y no dijo nada, tampoco dijo algo cuando un pobre que había venido dos horas después se apropio de la cartera, y tampoco dijo nada cuando un muchacho se postro ante el poco después para pedirle su gracia, antes de emprender un largo viaje, pero en ese momento volvía a entrar el rico en busca de su cartera. Al no hallarla pensó que el muchacho se la había apropiado, el rico se volvió ante el joven y le dijo iracundo  “Dame la bolsa que me haz robado” el joven asombrado dijo “yo no he robado ninguna bolsa” “¡No mientas, devuélvela en seguida!”El rico arremetió furioso contra él, solo entonces una voz fuerte le dijo: “¡Detente!” El rico miro hacia arriba y miro que la imagen le hablaba. Haakon que no pudo permanecer en silencio grito defendiendo al joven, increpo al rico por su falsa acusación, este quedo anonadado y salio de la ermita, el joven salio también  porque tenia prisa para emprender su viaje.
Cuando la ermita quedo sola, entro Cristo y le dijo a su sirvo “Baja de la cruz, no sirves para ocupar mi puesto, no haz sabido guardar silencio”
“Señor” dijo Haakon “como iba permitir esa injusticia” se cambiaron los oficios  y Cristo quedo en la cruz, y el ermitaño al frente de esta. El señor siguió hablando:
“Tú no sabias que al rico le convenía perder la bolsa, porque llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer, el pobre por el contrario Haakon tenia necesidad de ese dinero y hizo bien en llevárselo y tú no lo permitiste, en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas la hubieran impedido realizar el viaje que para el resultaría fatal. Ahora te cuento Haakon, hace un momento acaba de zozobrar el barco y el joven ha perdido la vida, tú no sabias nada, yo si lo sabia, por eso callo", y el señor nuevamente guardo silencio.
Algunas veces nos preguntamos porque Dios no nos contesta, ¿Por qué razón se queda callado Dios? Muchos queremos que nos conteste lo que queremos oír. Dios no es así, él nos responde aun con su silencio, debemos aprender a escucharlo, su divino silencio son palabras destinadas a convencernos de que el sabe lo que esta haciendo. En su silencio nos dice con amor “confiad en mi que sé bien lo que debo hacer”.

El misterio del Elefante

viernes, 11 de mayo de 2012
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a algún maestro, a mi padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño". Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía... hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquélla impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... Jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez... Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos hacer" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo "no puedo... no puedo y nunca podré", perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la fe.

En el camino aprendí

miércoles, 14 de marzo de 2012
En el camino aprendí,
que llegar alto no es crecer,
que mirar no siempre es ver,
 ni que escuchar es oír.
ni lamentarse es sentir,
 ni acostumbrarse es querer...

En el camino aprendí,
 que andar solo no es soledad
que cobardía no es paz,
 ni ser feliz sonreír.
Y que peor que mentir,
 es silenciar la verdad.

En el camino aprendí,
 que puede un sueño de amor
abrirse como una flor,
 y como esa flor morir,
pero en su breve existir,
 ser todo aroma y color.

En el camino aprendí
que la humildad no es sumisión
la humildad es ese Don que se suele confundir,
no es lo mismo ser servil,
que ser un buen servidor.

Por eso recuerda:

Cuando vayan mal las cosas,
como a veces suelen ir,
cuando ofrezca tu camino sólo cuestas que subir,
cuando tengas poco haber pero mucho que pagar,
y precises sonreír,... aun teniendo que llorar.

Cuando el dolor te agobie y no puedas ya sufrir...

Descansar acaso debes, pero nunca desistir.

LA CUERDA DE LA VIDA

martes, 27 de diciembre de 2011
Cuentan que un alpinista desesperado por conquistar el aconcagua, inició su travesía después de años de preparación.
Pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde. No se preparó para acampar, sino que siguió subiendo decidido a llegar a la cima, hasta que se hizo la oscuridad. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña; ya no podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, resbaló y se desplomó por los aires... Caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo... Y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida. Pensaba que iba a morir; sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo partió en dos...sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura. Después de un momento de quietud, suspendido por los aires, gritó con todas sus fuerzas:
-"¡¡¡ayúdame dios mío!!!..."
De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó:
-"¿Qué quieres que haga, hijo mio ?"
-"Sálvame, dios mío "
-"¿Realmente crees que te pueda salvar?"
-"Por supuesto, señor "
-"Entonces corta la cuerda que te sostiene..."
Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó...

Cuenta el equipo de rescate que al día siguiente encontraron colgado a un alpinista muerto, congelado, agarrado fuertemente con las manos a una cuerda...a tan solo dos metros del suelo...
¿Y tú ? ¿qué tan confiado estás de tu cuerda?
¿Por qué no la puedes soltar?

LA HISTORIA DEL RATÓN, LA GALLINA, EL CORDERO Y LA VACA

domingo, 1 de mayo de 2011
En una casa de campo  donde vivía felizmente un matrimonio, allí también hizo su refugio un ratón que se alimentaba sin mayores contratiempos de cuanto aparecía en  la cocina o en los alrededores,  hasta  que un  buen día la señora de la casa decidió atraparlo y se compró una enorme ratonera.
El ratón aterrorizado cuando descubrió la trampa, fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: “¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa!”
La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levantó la cabeza y dijo:
-Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, mas no me perjudica en nada, no me incomoda
El ratón fué corriendo hasta donde se encontraba el cordero y le dijo:
-¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera!
-Discúlpeme Sr. Ratón- contesto el cordero- No hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones.
El ratón se dirigió entonces a la vaca, y la vaca le respondió:
-Pero, ¿acaso estoy en peligro?….Pienso que no
Entonces el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para encarar a la ratonera del granjero.
Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando a su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, ella no vió que la ratonera atrapó la cola de una serpiente venenosa. La serpiente veloz picó a la mujer. El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre alta.
Todo el mundo sabe que para reconfortar a alguien nada mejor que una nutritiva sopa. El granjero agarró su cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina.
Como la mujer continuaba grave, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para agasajarlos y darles de comer, el granjero mató al cordero.
La mujer no mejoró y acabó muriendo. El granjero entonces vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.

Moraleja: La próxima vez que escuches que alguien tenga un problema y creas que como no te afecta no es tuyo y no le prestes atención…. piénsalo dos veces.

El mundo no anda mal por la maldad de “los malos”, sino por la apatía de “los buenos”.

El pozo de la Locura

sábado, 22 de enero de 2011
Antes de empezar a leer la siguiente historia quisiera aclarar que este titulo no corresponde al original de la misma, la cual en realidad no tiene un nombre. Es un fragmento de un libro del escritor  "Paulo Coelho"  llamado ¡Veronika decide morir!


Un poderoso hechicero, queriendo destruir un reino, colocó una poción mágica en un pozo del que todos sus habitantes bebían. Quien tomase aquella agua, se volvería loco.
A la mañana siguiente, toda la población bebió y todos enloquecieron, menos el rey, que tenía un pozo privado para él y su familia, donde el hechicero no había conseguido entrar. El monarca, preocupado, intentó controlar a la población ordenando una serie de medidas de seguridad y de salud pública, pero los policías e inspectores habían bebido el agua envenenada, y juzgando absurdas las disposiciones reales, decidieron no respetarlas de manera alguna.
Cuando los habitantes de aquel reino se enteraron del contenido de los decretos, quedaron convencidos de que el soberano había enloquecido y por eso disponía cosas sin sentido. A gritos fueron hasta el castillo exigiendo que renunciase.
Desesperado, el rey se declaró dispuesto a dejar el trono, pero la reina lo impidió diciendo:
«Vayamos ahora hasta la fuente y bebamos también. Así nos volveremos iguales a ellos.»
Y así se hizo: el rey y la reina bebieron el agua de la locura y empezaron inmediatamente a decir cosas sin sentido. Al momento sus súbditos se arrepintieron: ahora que el rey estaba mostrando tanta sabiduría, ¿por qué no dejarle gobernar?
El país continuó en calma, aunque sus habitantes se comportasen de manera muy diferente a sus vecinos. Y el rey pudo gobernar hasta el fin de sus días.